Y
es tan absoluta esta frase…como que madurar es inevitable, necesario y el salto viene
acompañado de golpes que no esperabas, despedidas, decepciones por las que
hubieras apostado un brazo, una pierna, la cabeza…a que no se producirían. Pero
ocurren. No eres más o menos especial que el desconocido con el que chocas en
el metro, ni más desgraciado que ese otro que te sonríe en una cafetería. Todos somos encantadoramente empáticos con las
derrotas (y hay una infinidad de clases de derrotas) de los que tenemos
delante, y pasamos horas, días, meses tratando de ayudar a paliar, en parte, el dolor
que sienten. Cuando te ocurre a ti, eso es otra historia.
Una amiga me dijo una vez, “cada uno somos quienes somos, y nuestras
circunstancias y las circunstancias de las personas que te rodean cambian
cuando menos se lo esperan, como las tuyas".
No
te arrepientas de haber hecho todo lo que estaba en tu mano e intentar lo que,
ahora entiendes, no dependía de ti, porque merecía la pena, claro que merecía
la pena. Que nadie te haga creer lo contrario. No estaban allí. Que nadie te
haga creer que el dolor se disolverá por arte de magia (o por arte del tiempo)
esforzándote por cambiar el cariño por el odio. No funciona. Tú no eres así. No
hay un botón en el cerebro que al pulsarlo lo borre TODO. No lo busques, no lo
hay.
No
apartes la vista, pasa el mal trago. Es un momento, ya pasa. No tengas miedo
por alegrarte del éxito y no agaches la cabeza con la mofa por el
fracaso, defiende lo que quieres aunque no sea necesario. Hazlo porque a ti te
duele. Sé tu, no cuesta nada ser buena persona, lucha por lo que te hace
feliz…pero NO VENDAS TU ALMA. No lo hagas. No esperes nada. Detente un segundo.
Echa un vistazo, antes…todos esos ya estaban ahí, y aquí siguen. Y creen en ti
y creen que a veces, muchas veces, lo puedes hacer mejor, puedes ser mejor.
Valoran la importancia que les das, porque se la merecen. Un tipo inteligente,
disfruta lo que tiene y trata de buscar FELICIDAD. ¿Lo eres?.
Y lo tienes.
Afróntate, Acéptate, Supérate.